CERRO ASPERO 2010 - EL DESAFIO
📅 25/06/2010
⚙ DIFICULTAD: EXTREMA
👥 10 PILOTOS
👁 Visitas: 27
👥 Nómina de pilotos
- Mono — Honda 420
- Kuquin — Honda 420
- Santiago — Honda 420
- Pacucho — Suzuki 450
- Marchi — Honda 500
- Guillermo — Honda 420
- Juan P. — Honda 420
- Pablo (Córdoba) — Polaris 550
- Gerardo (Córdoba) — Kymco 500
- Andrés (Rosario) — Honda 250 (moto)
📝 Relato de la travesía
TV San Nicolás Extremo
Diario de viaje del 25-06 al 27-06-10
Por segunda vez compartimos con “los miradores” las experiencias vividas por los nicoleños de ATV San Nicolás Extremo. Un grupo de entusiastas de las travesías en cuatriciclos que organizan travesías en diferentes geografías del país. En esta ocasión se plantearon un desafío: alcanzar el cerro Áspero.
No fue mucho el tiempo que pasó, desde que nos avisaron del derrumbe de los caracoles del cerro Áspero, hasta que se comenzara a gestar la idea de una nueva expedición. El difícil acceso a Pueblo Escondido, ahora redoblaba su apuesta, desafío que nosotros, de a poco, nos íbamos convenciendo no podíamos dejar pasar.
Una vez armada la travesía, 7 integrantes de ATV SAN NICOLÁS EXTREMO, 2 de Villa Santa Rosa (Córdoba) y uno de Rosario, integramos un equipo de diez expedicionarios con 9 cuatriciclos y una moto. Esta vez nuestro destino base sería la hermosa localidad de Río de los Sauces (Córdoba), situada a 510 Km. al Oeste de nuestra querida San Nicolás, la misma sería usada como punto de reunión y de comienzo de este corto, pero complicado desafío.
Sin saber qué nos esperaba y empujados por ese algo que todo ser humano lleva en su interior, el viernes 25 de junio partimos a las 14.00 como para llegar a nuestro ansiado destino, un rato antes de la hora de cenar, pero claro, lo que tampoco sabíamos, era que una de las chatas, a escasos 100 Km., diría basta y en un acto de rebelión comenzaría a echar humo por todos lados, quedaba claro que la camioneta estaba muy enferma, al borde de la agonía, pero sus tripulantes, Pacucho y Marchi en un repudiable acto de desamor, la abandonaron en un taller cuando el mecánico les dijo que la salud de la misma se encontraba en estado desesperante.
Sin más que decir la caravana continuó su viaje, y los desafortunados quedaron a la espera de que el padre de Marchi les trajera su camioneta que gozaba de perfecta salud, para poder seguir y unirse a la manada, después de varias horas de viaje y alguna que otra multita por pisar esas dobles líneas amarillas que Vialidad pinta en las rutas para decorar, el destino ya se podía ver, pero todavía no estaba todo dicho, y en honor a la desgracia con suerte 30 metros antes de detenerme en la cabaña, y para no ser menos que mis amigos, se rompe el rodamiento de mi trailer, ustedes saben, los fierros se rompen, pero la cuestión es saber dónde romperlos, cansado de un viaje con no pocos problemas, decidimos ir a cenar a una cantina donde teníamos previsto encontrarnos con un grupo de amigos de Rosario que harían una travesía en camionetas 4x4 por la zona.
En la cantina se comió muy bien y después de unos vinitos en fraternidad y conseguir un mecánico que arreglaría el trailer del pobre Mono (o sea yo) para el domingo, nos retiramos a las cabañas para un merecido y reparador descanso, puesto que al otro día, nos esperaba una dura pero inquietante jornada.
Como es nuestra costumbre, temprano en la mañana, desayunamos y luego de una minuciosa revisión de equipos, comenzamos a marchar en dirección al ya conocido cerro, que como siempre nos atrae con su desafiante y misterioso encanto, la mañana era fría y cerrada por las nubes más perezosas que no querían despertar, cada metro que ascendíamos, la temperatura y la visibilidad disminuían considerablemente y lo irregular del terreno hacía que nuestros cuatriciclos y pilotos tengan que hacer un particular esfuerzo para avanzar por ese terreno tan desparejo.
Las horas iban pasando y la marcha era a ritmo sostenido, el mediodía se acercaba y el clima continuaba sin cambios, es decir frío y con poca visibilidad, en un lugar al reparo decidimos detener la marcha para comer algo y descansar un poco ya que hasta ese momento, todo era conocido para los que ya estuvimos en otras ocasiones, no faltaba mucho para los famosos caracoles, donde se encontraba el nuevo desafío.
La sagrada hora del almuerzo se transformó en una exposición gastronómica, como siempre, muy particular, la ensaladita dietética de Pablo que incluye un ½ de tinto, la sopita instantánea con energizante del Mono, la latita de paté con Criollitas de Santiago, el salame y queso de Cukin, etc., etc.
Prosiguiendo con la marcha, un rato más tarde llegamos al tan esperado derrumbe, ante la atónita mirada de todos, diferentes opiniones se tomaron el centro de la escena, pero básicamente, el factor común de las exclamaciones hablaban de la imposibilidad de bajar andando, pero lo que nadie mencionó en ningún momento fue la más mínima intención de abortar la expedición, eso habla de que el valor y la entereza del equipo se conservaban intactas.
El gran desafío estaba ahora frente a nuestros ojos, la suerte estaba echada, solo éramos nosotros, los cuatriciclos y nuestros equipos para enfrentarnos esta vez a un nuevo reto que la naturaleza nos presentaba, pero claro, es en estos momentos donde se pone a prueba el temple de la gente, donde solo se triunfa si se trabaja mancomunadamente en equipo.
Luego de una exhaustiva observación del terreno, las ideas empezaron a surgir, cada uno aportaba su granito de arena, estaba claro que habría que atar los cuatris y bajarlos unos 10 metros por la ladera de la montaña, sin más demoras que las estrictamente necesarias, sacamos sogas, roldanas y otras herramientas que nos servían para montar un sistema con reducción y de esta manera deslizar los cuatris por la pared derrumbada del cerro, teníamos que sortear este gran obstáculo para poder llegar antes del anochecer al refugio que se encuentra en el abandonado Pueblo Escondido ya que el día prometía una noche particularmente fría.
Finalmente la suma de ideas y esfuerzos, como siempre, dieron un feliz resultado, la forma de bajarlos, era la correcta, el sistema estaba funcionando y luego de un par de horas los ATV's estaban encaminados nuevamente, un duro camino aún quedaba por delante, pero el sabor de haber logrado el principal objetivo hacía que el resto de la prueba se vea como un mero trámite.
Antes del anochecer, al pie del cerro, abriéndose entre la neblina, fiel compañera y testigo de todos nuestros esfuerzos, se comenzó a divisar la derruida imagen del pueblo, donde Carlitos, su único morador, nos esperaba, como siempre para atendernos, pero esta vez, invadido por la sorpresa, ya que desde el derrumbe, nadie había bajado por ese sendero.
Pueblo Escondido, es un viejo pueblito minero enclavado al pie del cerro Áspero, en un cañadón que se forma con otro cerro lindero, el mismo fue abandonado cuando la vieja mina perdió su rentabilidad hace más de 50 años, desde esos tiempos, no se le hicieron mantenimiento a los angostos senderos de acceso y por la erosión del tiempo y las lluvias en la actualidad, la única forma de acceder al pueblo, es con vehículos 4x4 por la senda de alta dificultad que desemboca en el camino a Merlo, o por Río de los Sauces en cuatris o motos equipadas para hacer nuestro derrotero.
Por la noche, llegaron los rosarinos, que con sus muy bien equipadas camionetas, pudieron acceder al lugar desde Merlo, éramos 22 almas al amparo de Carlitos, que haciendo las veces de padre y cocinero, quien nos deleitó con unos tallarines amasados espectaculares, una entradita de empanadas y como siempre, los apetitosos panqueques de postre fueron el comienzo de una situación llevando a la otra, si los tallarines invitaron al tinto, este al postre, siguiendo por el fernet y luego Pablo y Gerardo, desenfundaron una vieja guitarra que Carlitos siempre tiene preparada para este tipo de ocasiones, es sabido que a los cordobeses no les gusta este tipo de reuniones, pero estos dos lo disimularon bastante bien, el resto, se podrán imaginar.
El domingo, nos mostró una mañana fría pero despejada, temprano después de un buen desayuno con tostadas y mermeladas caseras, nos pusimos en movimiento, pasamos por cristalinos ríos de montaña y pintorescos pinares que le agregaban al paisaje ese encantador aroma a libertad, pero claro, el terreno seguía siendo muy dificultoso, por lo menos, hasta bajar a los primeros caminos rurales, se había formado un día muy especial, ya que además de toda esta extraordinaria experiencia vivida entre un equipo de amigos, esa tarde a las 15.30 hs. Argentina y México jugarían en octavos de final.
Por lo tanto el nuevo desafío sería llegar a Río de los Sauces antes de esa hora, suficiente motivo para que al medio día al llegar a los primeros caminos rurales la travesía se transformara en un verdadero Dakar.
Lejos de detenernos para almorzar, alimentados por la confianza y la seguridad que estos 23 valientes de Maradona nos brindaban, continuamos nuestro derrotero hasta conseguir el final feliz que todos esperábamos. Ya en las cabañas y con mi trailer reparado, entre anécdotas y chistes, fuimos cargando nuestros ATV's y acomodando los equipos.
El viaje de regreso fue sin ningún tipo de problemas, y Argentina ganó 3 a 0, ¿qué más se puede pedir de un fin de semana entre amigos?
Estadística
Dificultad: técnica y extrema.
Km. recorridos: 140 en 2 días.
Accidentes: ninguno.
Desperfectos mecánicos: ninguno en travesía.
El equipo
- Mono — Honda 420
- Cukin — Honda 420
- Santiago — Honda 420
- Pacucho — Suzuki 450
- Marchi — Honda 500
- Guillermo — Honda 420
- Juan P. — Honda 420
- Pablo (Córdoba) — Polaris 550
- Gerardo (Córdoba) — Kymco 500
- Andrés (Rosario) — Honda 250 (moto)
📸 Fotos