🧭 BITÁCORA DE TRAVESÍA

ATV San Nicolás Extremo

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TUCUMAN-SALTA 2011

TUCUMAN-SALTA 2011

📅 29/06/2011 ⚙ DIFICULTAD: MEDIA 👥 11 PILOTOS 👁 Visitas: 19

👥 Nómina de pilotos

Fernando Sosa Luis Cicerchia Abel Gaggino Martin ( mecanico ) Luis Henry Timy (guia) Catriel Sebastian Marcelo Alejandro Serenelli

📝 Relato de la travesía

De Tucumán a Salta en cuatriciclos, por senderos casi intransitables Nuevamente “el Mono” nos presenta el diario de un viaje realizado por el grupo ATV San Nicolás Extremo utilizando cuatriciclos y motos todo terreno. En esta ocasión viajaron de Tucumán a Salta por viejos caminos intransitados y prácticamente intransitables entre el 29 de junio y el 3 de julio de este año. Nieve, frío, pero soleado, anticipaban los pronósticos más alentadores para la región norte de nuestro país, lo que motivó que hagamos una visita a nuestro amigo el Negro, cardiólogo de confianza del equipo, para ver si estábamos a la altura de las tremendas exigencias que el clima y los más de 4000 m s. n. m. pondrían por delante al conjunto de pilotos aventureros. Con singular expectativa, el miércoles 29 de junio a la 01.00 de la madrugada, nuevamente el Cachape, vehículo de traslado de pilotos y equipos, se ponía en movimiento, esta vez con destino a la localidad tucumana de San Pedro de Colalao, que sería nuestra base para comenzar el desafío, 1.100 km al norte de nuestra querida San Nicolás. La ausencia de los pilotos oficiales, Janny y Mariano, obligaron que esta vez se hagan cargo del timón de la nave, Abel y el Mono (o sea, yo), que mientras el resto comía y dormía, junto con la ayuda de Martín, nuestro mecánico de apoyo, que por suerte no tuvo trabajo, cumplimos con la dura responsabilidad de poner en destino a la tripulación, y a las 16.00 estábamos rodeados de ese paisaje de montañas y bosques, que solo el jardín de la República puede mostrarnos con tanta imponencia. Un par de horas más tarde, se sumaron procedentes de la provincia mediterránea, Luis, Henry y Timmy. Este último sería en este viaje el guía práctico de la zona. Para la hora de la cena ya se habían unido al grupo Catriel y Seba, los experimentados pilotos de la ciudad de Rosario. Con todos los integrantes del equipo reunidos como en una gran familia, se comenzó con la cena de apertura y debate sobre las dificultades que en los días siguientes tendríamos que superar. Por la mañana del jueves, luego de un buen desayuno, soltamos las amarras. Los equipados vehículos todo terreno comenzaron a rodar con destino a la localidad salteña de Cafayate. La ruta trazada por Timmy, nuestro experimentado guía de “Territorio Xtremo”, era un abandonado camino que se utilizó años atrás para la construcción de un electroducto. La ascendente huella atravesaba vadeos y túneles de exuberante vegetación subtropical, que podían deleitar nuestros ojos, ya que el terreno, si bien era intransitable para vehículos de calle, no era muy dificultoso para nuestros cuatriciclos, todavía. Al mediodía nos detuvimos para hacer un breve refrigerio, donde, sumado a la belleza del lugar y como componentes de una misma postal, dos inocentes corderitos, únicos moradores, que algunos integrantes del equipo ya los imaginaban en la estaca. Pero el tiempo se apiadó de los animalitos: quedaban muchos kilómetros y había que continuar. En adelante, el camino se pondría cada vez más duro, y así fue. Cuando llegamos a la famosa cuesta de “Don Avelino”, un viejito que supo comprar tierras por esos lugares y que a él debe su nombre, extremando cuidados continuamos el ascenso a marcha lenta. La vegetación y la agradable temperatura reinante se fueron escabullendo junto con cada metro que ascendíamos. Como siempre, a más altura, más dificultades. Por la tarde, luego de comenzar un pronunciado descenso, el lecho de un río seco nos condujo hasta un impresionante cañón, donde meses atrás había pasado el Dakar. Todavía se podía sentir en el aire el sabor de la adrenalina que generan los autos de rally, una comunión de sensaciones que inundaban nuestros cuerpos. Minutos más tarde llegábamos a Cafayate para, de esta manera, darle fin a la primera etapa de una dura travesía. Los buenos vinos de la zona, comidas típicas, más un buen colchón, hicieron que nuestros cuerpos quedaran nuevamente en condición de partida. El viernes, temprano, una corta escapadita parecía cita obligada para un paseo por las famosas dunas de Cafayate, pero las lluvias de la semana anterior habían transformado los accesos en complicados pantanos. Claro que Kuquin, como siempre, nuestro experimentado piloto en ese tipo de dificultades, no dudó en enfrentar el obstáculo con valor, que eso le sobra. Minutos más tarde, el Honda 420 parecía el Titanic, situación que motivó el inmediato auxilio de Catriel y Seba en el fantástico Polaris RZR 800. Estos son dos corajudos más, pero claro, ellos también quedaron empantanados. El despliegue de sogas, palas y dobles tracciones del equipo no parecía alcanzar, hasta que finalmente, llegando al mediodía, utilizando la fuerza de los malacates de Luis y Henry, el complicado rescate llegó a su fin exitosamente. Una larga tarde nos esperaba: el regreso a San Pedro de Colalao. Pero esta vez lo haríamos por el camino del Abra, ascendiendo a más de 4000 m s. n. m., y en esta época del año eso significa suelos resbaladizos por hielo. Pero teníamos a nuestro favor que el ambiente estaba seco y la elevada altitud era solo por un breve tiempo; por lo tanto, no fue necesario utilizar el equipo de oxígeno que Pacucho siempre lleva para estos casos. Algunos integrantes del equipo ya habíamos andado por estos lugares antes, pero ahora están mucho más complicados debido a los constantes derrumbes que se dan en la zona. Luego de atravesar las dificultades del camino del Abra, finalmente llegamos a San Pedro de Colalao, donde hicimos un enlace con nuestros cuatris en los trailers hasta la localidad de San Javier, distante a unos 100 km por ruta nacional. El sábado se presentó con un cielo despejado. El sol templaba la mañana a medida que se acercaba el mediodía. Con nuestros cuerpos castigados, todavía quedaba un tramo complicado: el recorrido del río San Javier, que nos obligaba a cruzarlo una y otra vez. En ese fabuloso contexto, todo esfuerzo valía la pena. El recorrido exigía de todos los pilotos el máximo de experiencia. No era el momento de guardarse nada, y todos los pilotos y máquinas estuvieron a la altura de las circunstancias, expuestos a las caprichosas dificultades que la selva tucumana nos ponía por delante. Pero, en definitiva, sabíamos lo que buscábamos y nadie habló jamás de un día de campo precisamente. Estas pruebas son las que generan esa adrenalina vital que nuestros cuerpos tanto parecen necesitar. Promediando la tarde, la travesía llegaba a su fin. Una comida que aún no sé si fue un almuerzo muy tarde o una cena demasiado temprano se transformó en una agradable reunión de camaradería, donde las reflexiones y cargadas fueron el factor común de la despedida y, por supuesto, el agradecimiento a nuestro amigo que nos cuida y siempre está para poner la mano en el lugar justo, para que nadie salga lastimado. Antes de las 20.00, ya en el motor home, mientras me duchaba, Marcelito, estoico compañero de viaje, ponía la pava para los mates. Mi turno de manejo era el primero, mientras Abel descansaba un rato para el posterior relevo, aunque también contábamos con la ya demostrada destreza como piloto de Pacucho. Al mediodía del domingo, el viejo Cachape arribaba a la ciudad de San Nicolás con una hora de demora, debido a la repentina parada para reparar dos gomas que venían con problemas.

📸 Fotos

Foto de TUCUMAN-SALTA 2011
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Foto ampliada